Hoy somos primavera

lunes, 12 de septiembre de 2016



Nuevamente es hoy. ¿Lo recordaste? ¿Pasaste las semanas contando cuánto faltaba, cuántos días, cuántas palabras? Hoy somos silencio como lo fuimos antes, como lo fuiste tú, somo lo soy yo. Un silencio cómodo y sereno, a veces amargo, solitario, sencillo, un silencio hacia dentro, siempre hacia adentro.

¿Lo extrañas? ¿Extrañas la primavera y los pétalos rosados que nunca existieron? Cuando la vida eran solo susurros y juegos, cuando solo había sueños de máscaras y cofres que no se encontraron. Yo sí echo de menos. Echo de menos ese instante de apoyarse en la ventana y sentir la primavera en el viento, en el rumor de la ciudad, en el correr de las hojas y sentirse pequeña… Y saber que lo entenderías. Que jugaríamos a ser los únicos que podían entender las luces en la noche y el frío en la oscuridad. Sentirse mudo y conmovido por la niebla, por la brisa, por el amanecer, por tantas cosas iguales.

Nuevamente es hoy y quizás cuánto ha cambiado y cuánto sigue igual. ¿Qué sigues siendo y qué cambié yo? ¿Qué historias se interrumpieron, cuáles volvieron a empezar? ¿Se te habrán borrado ya mis palabras? Como fantasmas borrosos… Quizás se acumularon las canciones, los libros, las peleas, las historias y se quedaron allí, amontonados todos, apretados adentro, esperándome, esperándote. ¿Olvidaste ya o sigues amigo de tardes de sol mirando la calle, pensando en tormentas? 

Qué superfluo parece todo a veces, ¿no? Arenas de palabras en donde hundirse un poco y creer que el cosquilleo es solo nuestro. Que puedo enredarme en bonitas cintas y vueltas hasta perder el silencio, hasta parecer que no existo, que soy solo ideas flotando, recuerdos que desaparecen, días y días sin provecho, de sentir que el cielo es cerrar los ojos y soñar, que la desilusión es despertar al otro día. Pero me gusta recordar sonrisas y juegos, incluso mentiras, incluso tristezas. Carcajadas ridículas y lágrimas que nunca creíste, y sí, también silencios. También ausencias. 

Así que déjame ser primavera esta noche, soñar con madrugadas antiguas, risueñas, prohibidas, de mensajes tontos y eternos. Prende un cigarrillo. ¿Todavía te ocultas entre el humo? Siéntate un segundo. Seamos palabras una vez más, solo un momento, y pensemos en la niebla, en los acertijos, en las ilusiones. Cuéntame sobre tus enemigos y yo te contaré de mis miedos. Olvidemos el silencio solo un instante. No pienses si fuimos extraños o compañeros de un capítulo. Quizás solo fuimos secundarios en el fondo de otra historia o protagonistas que no cabían en un mismo párrafo. Quizás nos quisimos a nuestra forma, como solo lo hacen los que no existen, los de los cuentos, como tontos bufones, como amigos en bandos opuestos. Olvida lo que esperabas y las desilusiones que guardas en páginas en blanco, déjame olvidar las palabras que no dejé salir. Miremos las lucecitas en la noche, esas bolitas anaranjadas que fuimos a ratos en una ciudad, al anochecer, casi en secreto, como vanidosas estrellas. Hínchate de una risa burlona y deshazte de las metáforas y las amarguras. Resiente, niño malhumorado, exigente sin derecho, y ríamonos de esos fracasos, de nuestras conquistas, de toneladas de mensajes que siguen allí, pululando en nuestra memoria. ¿Sigues andando por las mismas calles? ¿Sigues soñando con los mismos finales?

Y me río, porque qué maraña de pensamientos. Vueltas y vueltas en ideas, en imágenes, en sensaciones, en recuerdos, en mentiras y peleas, en sueños y fantasías, en máscaras y verdades, en palabras y más palabras. En fantasmas. Vueltas que no terminan, chispazos que de pronto me traen tu eco y pienso si habrás olvidado, si habrás dejado de correr (¿alguna vez pudiste?), si aúllas en la nieve o ya todo se convirtió en un recuerdo de muchacho, en un instante de modernidad y espejos mágicos que se deshicieron con el tiempo, si ya eres el viejo mago del bar o quizás recorres las calles, real, resuelto, y no volviste a mirar atrás.

Así que suspiro en un rincón, el mismo de siempre, adentro en mis pensamientos, con una sonrisa hecha de palabras. Y es la sensación del viento en la ventana y el frío de la oscuridad. ¿La recuerdas? Ser pequeño, estar solo, quieto, en silencio, observando la noche, recordando risas perdidas, con ojos distintos, con los mismos fantasmas. Y continuará... o quizás sea solo imaginación y un eco en el vacío. 

Pero nuevamente es hoy y esta noche es primavera.
Santa Template by María Martínez © 2014