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Susurro: Días de niebla

jueves, 4 de abril de 2013

En días como hoy simplemente observo a través de las ventanas, pensando en cómo brillará el sol y correrá el viento allá, en tierras extrañas, desconocidas y anheladas del norte. Cada día siento esa presencia tropical y nostálgica, pero hoy simplemente me atrapa en su hechizo.

En días como hoy el estómago se me cierra en un puño y el corazón late asustado en mi pecho al pensar, al imaginar, al temer, al desear. Es un latido también ansioso y juguetón, que brinca inseguro ante tu recuerdo.

En días como hoy siento como una soga tira de mi mente hacia tu silueta y soy incapaz de dar un solo paso sin pensar en cómo lo darías tú. No es doloroso, aunque sí lo es. Las palabras simplemente se atropellan y se amontonan en la punta de mis dedos y en el borde de mis labios y se desparraman por el universo sin un orden coherente. 

En días como hoy siento que hay tanto que quisiera contarte y tantas cosas que quisiera soñar contigo que río cuando todos me observan y siento que las lágrimas aparecen cuando nadie lo nota. Durante las noches, me acurruco entre las sábanas con una esperanza hecha sueño y una paciencia infinita que a veces es la única que me consuela.

En días como hoy te extraño, te quiero, te pienso y te escribo, recordándome que mis letras tienen tu ritmo y siguen tus huellas. Solo que hoy se sienten borrosas y no soy tan buena detective como quisiera. No soy más que una sombra de forma cuestionable y corazón de fría felpa, pero quisiera ser como tú: un ser de humo, capaz de escabullirse en los rincones y penetrar en el ser mismo de quienes nunca imaginaste.

En días como hoy, fantasma, quisiera que estuvieras aquí.

Si me dieras cinco líneas para llamarte...

martes, 29 de enero de 2013

Si me dieras cinco líneas para llamarte empezaría con un saludo, con un susurro, una sonrisa cómplice y misteriosa que solamente tú entenderías, esa que luego se transformaría en una ceja alzada y en un ceño fruncido y que empezaría a tomar la forma de una risa que parpadea y de un "vuelve" que no me atrevo a pensar. Pero ese susurro luego sería un grito que sería también una bofetada y un abrazo y una mirada que atrevesaría tu cuerpo de fantasma.

Susurro: Aires de revolución

viernes, 18 de enero de 2013

Las palabras hoy simplemente se resisten a ser escritas. Es como si todas ellas se hubieran confabulado contra mí, sonando discordantes, vacías, superfluas, irritantes, pesadas. Hoy no son amigas, sino rebeldes contra una tiranía que quizás haya durado más de lo necesario. Volverán a someterse… aunque quizás deba preguntarles qué desean ellas.

Yo solo sé lo que deseo que hagan. Quiero que se junten en fila y te traigan de vuelta. Quiero que griten conmigo tu nombre hasta que lo escuches y quiero que se escabullan en tus terrenos para averiguar tus secretos. Pero ellas no quieren hacer nada de eso hoy. Solo hablan de vientos de cambio, de llamas de revolución, de voces de lucha y justicia. No quieren crear, sino denunciar. No quieren amar, sino luchar. 

Y las entiendo, porque también quiero todas esas cosas. Pero hay tantos pensamientos en mi mente que no sé realmente cómo ordenarlos. No sé realmente si debería forzarlas a obedecerme con el látigo de la voluntad o si debería retroceder un paso y dejar que ellas me guíen con los pasos de la inspiración. Solo sé que ellas te extrañan tanto como yo, pero que no sueñan como yo lo hago. Son prácticas y afiladas. Quieren leerte nuevamente y jugar con tus propias letras, reconociendo ese aroma a vodka y pólvora, pero no quieren esperar.

Yo sí. Aunque me pregunto por cuánto más o si siquiera debería estar esperando. Sé que seguiré haciéndolo y que esta sonrisa ansiosa no se borrará de mi cara hasta que se transforme en risas o en lágrimas. Por ahora, esta tirana seguirá esperando que el rebelde asome su boina y revolucione cada uno de mis pensamientos, como siempre lo ha hecho. 

Las letras y yo hemos llegado a una tregua, porque ambos anhelamos lo mismo con todas nuestras fuerzas. «Tú».

―Te quiero, fantasma.

Susurro: Pregunta perdida

domingo, 13 de enero de 2013

Ella se mordió la lengua y suspiró. Se acercó al teléfono, pero no se atrevió a levantarlo. Apretó los ojos y esta vez se llevó una mano a la boca mientras golpeaba el suelo con el pie repetidas veces, sin notarlo. Esas dos semanas había conseguido evadir el tema y consolarse con mil y un excusas. Todavía creía en ellas. 

Pero los días se acumulaban y no estaba segura de querer aceptar la realidad. ¿Acaso era una realidad o solo otra suposición? La gente no podía desaparecer, ¿verdad? Recorrió toda la casa con una mirada penetrante, como si uno de los muebles tuviera la respuesta y solo necesitara intimidarlos lo suficiente para sonsacarles la información.

―¿Dónde estás? ―susurró para sí misma, pero él no podía escucharla. Tragó saliva y decidió salir. Necesitaba algo de aire. Se tardó cinco minutos en abrir la puerta y al final, salió dando un portazo de rabia. Rabia contra sí misma por sentir. Por dudar. Por temer. 

Por decir ‘vuelve’ en su mente a cada sombra que se cruzara en su camino. Hacía calor, lo que solo empeoraba el problema. Miró hacia el cielo y la luz hostil del sol golpeó sus ojos. Se sacó las gafas un instante y se rió con ironía al recordar que, al menos, pronto podría cambiarlos a unas más bonitas. 

Pero no era lo mismo poder lucirlas sin que él lo supiera. Sin que él se burlara, se riera y sonriera con esa expresión de perspicacia y astucia que siempre tenía. Sabía que no tenía sentido pensar eso, que simplemente tenía que quedarse y, a la vez, seguir caminando. Esperar.

Pero no un milagro. 

Amar a un fantasma tenía esos problemas. Nunca podía saber cuando se decidiría a aparecer, cuando podría o cuando simplemente desaparecería. Ella sonrió y empezó a dar un paseo. Volvió a suspirar. Amigos o furtivos enamorados, solo tenía un deseo y una pregunta.

―¿Dónde estás? 

Solo quedaba esperar y reírse de sí misma hasta que simplemente el tiempo le trajera la respuesta que necesitaba.

Meteoritos sobre mi cabeza

jueves, 20 de diciembre de 2012

Sorpresa, emoción, alegría, desagarro del alma en pedacitos de recuerdos y emociones que ni siquiera entiendo. Son palabras apresuradas, un galope enfebrecido, simplemente para decir cosas tan simples. Un vale otro, significa. Un vale otro para mañana, cuando, luego de las lágrimas, las risas y las ilusiones, vuelva a escribir lo que ahora solo imagino. La noche es hermosa hoy. Y mañana. Y la siguiente. Pero hoy, es especialmente hermosa. 

Sé que estás bajo ella también. ¿Respuesta? ¿Acaso la buscas? La tendrás de todas formas. Eso significa un vale para mañana, cuando recuerde que respirar es necesario para la vida. Por ahora, que es tarde y las presiones me obligan a abandonar este momento que es nuestro o solo tuyo o solo mío, te ofrezco este trocito de mi ser que ya has reclamado antes, viajero vivaracho. Pero te llevaré conmigo a mis sueños. Si no amanece el día de mañana (¡Puedes reír, como yo!), no podré saldar la deuda, pero tendremos algo claro: Somos rompedores de reglas.

Estamos vivos. Y caminaremos juntos y separados por el fin del mundo para luego mirar de reojo a los crédulos con una sonrisita que entenderemos al verla. Estamos vivos. Estás ahí. Yo estoy aquí. Y sí hay algo más que quisiera que el viento se llevara hasta las tierras de la revolución. Una lágrima, una sonrisa, un beso, varias bofetadas y un "te amo" que ojalá se convierta en bengala y que guíe parte de tu sendero.

Hasta mañana y hasta siempre. Por cierto, ¿crees que puedan envolver todo eso para regalo?

Malas pasadas cerebrales

domingo, 18 de noviembre de 2012

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"I’ve never been perfect,
but neither have you" - Linking Park

***
―Hey, humana ―susurra el cerebro desde el interior de mi cráneo―. Estás de muy buen humor. ―Sonreí ante sus palabras. No era del todo exacto: no es que estuviera de buen humor, sino que simplemente estaba de un humor neutro y desenfadado. No obstante, al parecer mi cerebro hoy no estaba para precisiones al parecer―. Sería una pena...
Fruncí el ceño ante su tono malicioso. ¿Qué estaba planeando?
―... que alguien decidiera revisar el último correo de cierto individuo, ¿verdad?
***
Podríamos decir banalmente que fue así cómo empezó todo esto. En realidad, fue un experimento del que ya tenía una respuesta. Una vez me dijiste que yo era la sádica y tú el masoquista, aunque quizás tendríamos que replantearlo. Objetivamente hablando, son solo palabras. Por un lado, ha pasado algún tiempo. Por otro lado, nunca será el suficiente.
¿Quieres saber los resultados de mi experimento, de ese extraño e irracional ―quizás― deseo de volver a leer aquella despedida que parece tan lejana? Todavía no logro secarme todas las lágrimas. Lo escribo, porque necesito hacerlo y no, porque ―¡El Unicornio Rosa Invisible no lo quiera!― vayas a leerlo. Nunca he intentado hacerte sentir culpable y esta no es la excepción.
Quizás simplemente es ese deseo humano y absurdo de creer que sigues allí. Y suena a chantaje. De hecho, todo este escrito suena a un enorme y bastante mediocre chantaje. Pero no lo es. Es solo el resultado de un deseo. El resultado de comprobar, no podía ser de otro modo, que estás más presente que nunca en cada uno de mis pensamientos. Que te sueño a veces y despierto con una sensación de irrealidad que me envuelve por unos maravillosos instantes.
Que a veces aprieto los ojos para dejar correr esas gotitas de emoción que se escapan de su corral y que terminan en mi lengua, devoradas, saladas. Que en ocasiones la ausencia duele y, en otras ocasiones, no existe. No existe, porque, como ahora, estás conmigo, con una expresión taciturna, echándome el humo del cigarro en la cara y con una mueca de decepción. Prometo trabajar mejor en mis escritos. Prometo esforzarme más en ellos, ya que, aunque he escrito más, no siempre publico precisamente por eso: falta de pulido.
Perdóname por técnicamente romper la veda. Sí, nunca dijimos nada sobre escribir ¿verdad? Nunca prohibiste que me dirigiera a ti. Solo prometiste que no responderías. Está bien, está bien, en este momento de la noche estoy sentimental. Todavía no estaba lista para volver a leer tu despedida y la sola palabra me provoca un nudo en la garganta de lo más ridículo. ¡Si tú vieras a esta ruda llorando como una magdalena!
Porque sí soy muy ruda. En serio. Un poco al menos. Un poquito... "Someday, somehow gonna make it alright, but not right now..." Y solo yo sé cuándo, ¿eh? Espero que no mueras como el protagonista del video de esa canción o algo parecido. Y que cuando te sientas listo, no me hayas borrado de tu lista de sueños. Yo no podría hacerlo.
Comencé a leer "It". Me asusté a las veinte páginas y no lo he continuado. Al menos, podríamos decir que tu viejo amigo Stephen logra su cometido, aunque conmigo no tiene tanta gracia: soy una cobarde por naturaleza. La única vez que me arriesgué por algo fue contigo... No me arrepiento ni un solo día, aunque no ha sido precisamente sencillo. Te lo dije varias veces ¿no? Vales cada sonrisa y cada lágrima. Cada instante de duda. Cada fantasía imposible. Cada reflexión y cada sobresalto cuando mencionan ese rincón isleño que es tu hogar.
Hoy estás conmigo. Sí, aunque no lo quieras, aunque creas que es romper las reglas. Estás conmigo, porque mi corazón y mi alma ―¡aunque no exista!― están junto a la tuya en estas letras. Porque eres mi fantasmita personal. Espero no te jubiles demasiado pronto. Avísame si decides hacerlo ¿está bien?  
***
―Eres un cabrón ―le digo a mi cerebro mientras me enjuago las lágrimas con el dorso de la mano y disimulo mi propia pena ante mí misma―. ¿Qué necesidad había de ello?
―Pues... realmente ninguno. ¡Aunque mira el lado positivo! ―menciona el órgano con un falso tono cantarín. No respondo a su provocación y mantengo silencio mientras cierro los ojos un segundo―. Al menos compruebas que lo extrañas y que lo sigues queriendo.
―Nunca lo dudé ―digo con firmeza―. Jamás. Y si vas a decir algo como "vamos a ver cuánto te dura", ya acepté una apuesta similar con él mismo y no me molestaría apostar de nuevo. ―Sonrío con cierto desafío―. Casi siempre apuesto sobre seguro, ¿recuerdas?
―Siempre me dejas como el malo ―se queja el cerebro.
Apago la computadora y me tiro en la cama con una sonrisa triste en los labios. Me acurruco en un rincón y simplemente susurro lo que necesito sacar de mi interior con voz trémula y sobrecogida, pero emocionada y alegre a la vez:
―Te sigo amando...
Suspiro, hastiada por mi propia cursilería. «Cerebro cabrón», maldigo y me echo a dormir con tsunamis y mensajes traídos de la nada.

Letras para dos

viernes, 26 de octubre de 2012



«Ay, mi bien, qué no daría yo por ti,
Por tenerte un segundo, alejados del mundo
Y cerquita de mí» - Shakira

***

Cerré los ojos un momento y recordé otra frase que realmente se aplicaba a esa situación, pero no dejé que realmente llegara a mi conciencia. Solo sabía que estaba allí, en mi mente, circulando como una brisa suave en medio del verano. Parece como si solo hubiese sido ayer que me dijiste que me amabas. Solo ayer cuando comprendí que también lo hacía. Y realmente fue hace tan poco que te marchaste, sin realmente irte… 

Nunca vas a desaparecer, es algo que parece grabado en lo más profundo de mí. Los días avanzan y avanzan y aunque son tan escasos en comparación con el despliegue de semanas, meses y años que hay frente a mis ojos, cerca del horizonte, son pequeños pasos en un camino que recorro con una sonrisa adolorida. 

No sé dónde estarás, lo que harás, lo que pensarás o lo que estés sintiendo. Quizás estés tan solo a mi espalda, aguardando por aparecer. Quizás nunca leas estas letras o las siguientes o las que le siguen a ellas, pero los fantasmas están hechos para ser eternos y para convertirse en compañeros silenciosos y cercanos en la soledad. No mentiré. Ha pasado muy poco y te extraño como nunca, pero la noche sigue siendo acogedora y misteriosa con tu presencia que solo se siente.

Te siento tan cerca con cada letra que aparece en la pantalla y tan lejos cuando realmente recuerdo lo que nos espera. Es extraño, ¿no? La tristeza se asoma, tomada de la mano del dolor, pero es realmente la esperanza quien entra primero. Te siento cerca cada vez que escribo, como si estuvieras, con tu rostro apoyado en mi hombro, con una sonrisa burlona, cínica y adorada mientras lees. No imagino tus ojos, pero sí tu mirada. 

Te contaría de mí, de lo que ha pasado, de las responsabilidades que me han impedido publicar, de los plazos que me han hecho correr para alcanzar a terminar aquellos fanfictions que tan mal decías que me quedaban, de los reconocimientos universitarios, de las historietas nuevas, de las canciones que ahora se han convertido en tu huella, pero… no quiero hacerlo realmente. No hoy, ni ahora. Solo quiero una noche solitaria a tu lado. Una noche con tu fantasma, en donde simplemente sienta el estremecer de tu sonrisa y alcance a acariciar tu mejilla que no está aquí.

Quizás todavía no estoy lista para escribirte como un fantasma reincidente. Pero ya lo estaré, porque escribir es lo que más me une a ti, porque siento que en las letras hay un trozo de tu alma, de tu miedo, de tu valor, de tu sinceridad, de tus mentiras, de tu amor, de tu odio, de tu lucha, de tu corazón fatigado, tu fuego encenizado, tu intensidad, tu contradicción, tu obsesión, tu psicopatía, tu cercanía, tu lejanía… tú.

Y por eso hoy amo escribir más que nunca, aunque también se tiña de una tristeza, una esperanza y una congoja que solo conocerán la luz a través de pequeñas gotas de tinta. Quizás no sea necesario decirlo, pero… Te amo, ¿lo sabes? Sé que lo sabes. Solo no lo olvides.
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